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Despúes de tanto tiempo sin escribir, me congratula abordar un tema tan bonito y edificante como son las virtudes cardinales.
Hace poco una serie de sucesos desagradables en mi vida, me permitió ver mi propio “yo”, con ojos objetivos, y darme cuenta de la cantidad de defectos que me acosan dificultando el día a día de mi vida, y de los que me rodean. Por eso, y despúes de haberme comportado como un gañanazo y un malandrín, he decidido poner un poco de orden en mi vida y esforzarme por las cosas que realmente me gustan y las quiero para mí.
El caso es que el otro día hablando con un buen amigo sobre la autosuperación y las ganas de esforzarse, salieron al tema las virtudes cardinales, así que me he informado un poco de estas y ahora me gustaría compartirlo con aquel que caiga por este blog.
Las virtudes cardinales son Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Aunque existen otras virtudes humanas (lealtad, amistad, castidad, por ejemplo), podríamos decir que estas son las principales. Es decir si somos prudentes, justos, recios y templados, quiere decir que las demás virtudes humanas ya se encuentran dentro de nosotros.
Por supuesto y si contamos que la definición de virtud es ““Cualidad personal que se considera buena y correcta”, es obvio que el hecho de que una persona intente medir su vida en función de las virtudes cardinales, quiere decir que se trata de un hombre recto, con ganas de hacer el bien y sentirse a gusto consigo mismo.
A pesar de que las palabras definitorias de las virtudes (prudencia, justicia…), son conocidas por todos, es muy difícil definirlas con exactitud. Una aproximación breve sería:
Prudencia: Consiste en actuar con reflexión y precaución para evitar posibles daños, dispone la razón practica para discernir el bien y elegir los medios justos para realizarlos.
Justicia: Consiste en dar a cada uno lo que le corresponde. Para ello precisamente se necesita la guía de la prudencia. La justicia no existe sin la misericordia, la caridad o el amor.
Fortaleza: La fortaleza consiste en tener el valor y la constancia para perseverar en una obra buena hasta el final, no importando los obstáculos o soportando una mala situación con paciencia e inteligencia hasta el final sin derrumbarse.
Templanza: La virtud de la templanza es la virtud que nos capacita para controlar y canalizar correctamente nuestras tendencias. A esta virtud se la llama también sobriedad. La virtud de la templanza representa el término medio entre el desenfreno y la insensibilidad.
Para aquel que desee una definición más eficiente, voy a dejar un enlace al final del post, donde podreís leer un articulo de Ciencias Sociales relacionado con las mencionadas virtudes.
Por el momento y analizando como he vivido estos últimos años, resultará difícil amoldarse a las exigencias de las virtudes cardinales, pero si logro hacerme un poco mejor persona, me doy por satisfecho. Por cierto creo que las virtudes de las que más carezco, serían Prudencia y Fortaleza. La primera por mi forma caótica e inconsciente de vivir, y la segunda por mi dificultad de afrontar los problemas cuando estos se te vienen encima. ¿En cuales fallas tu?



Visto esto, cabe decir que 100 años de soledad, es la novela que define por excelencia este genero literario. En ella, Márquez edifica y da vida al pueblo mítico de Macondo (y la legendaria estirpe de los Buendía): un territorio imaginario donde lo inverosímil y mágico no es menos real que lo cotidiano y lógico. En el fondo se trata de una gran saga americana. Macondo podría representar cualquier pueblo, o mejor, toda Hispano América: a través de la narración, asistimos a su fundación, a su desarrollo, a la explotación bananera norteamericana, a las revoluciones, a las contrarrevoluciones… En suma, una síntesis novelada de la historia de las tierras latino-americanas. En un plano aún más amplio puede verse como una parábola de cualquier civilización, de su nacimiento a su ocaso, pero narrada con elementos fantásticos que la embellecen, hasta el punto de emocionarnos.